Río de Janeiro: la limpieza del mayor carnaval del mundo.
Jaqueline Carla es una brasileña que este carnaval trabajó en
el Sambódromo de Río de Janeiro, pero con una misión que pocos notan: barrer la
basura que deja la opulenta fiesta que cada año asombra al mundo.
De 26 años, pelo recogido y uniforme naranja, Carla sabe que el éxito de su
labor es de algún modo pasar desapercibida con su larga escoba, recogiendo todo
lo que pueda del piso tras el desfile de una escola de samba y antes del
siguiente: serpentinas, papelitos, latas de bebidas, plástico…
“Si dejamos algo sucio la primera vez, en seguida lo van a notar”, explicó en
medio de ese trajín de una madrugada carnavalera. “Pero la segunda vez ya vas a
tener reclamos”.
Carla es apenas un soldado de un ejército de 1.070 trabajadores que la
Alcaldía de Río ha movilizado durante 10 días por toda la ciudad exclusivamente
para limpiar el mayor carnaval del planeta.
Pero el reto es creciente: hasta mediados de esta semana la basura recogida
en este carnaval aumentó casi 20% respecto al pasado, según datos preliminares
Compañía Municipal de Limpieza Urbana de Río (Comlurb).
“Sabemos que durante la semana entera de Carnaval el tonelaje total (de
residuos recolectados) va a superar las 1.000 toneladas”, dijo el presidente de
Comlurb, Carlos Vinicius Roriz, a BBC Mundo.
Sambar en la calle
El equipo de limpieza del carnaval carioca fue distribuido en diferentes
misiones críticas: unos 600 agentes como Carla apostados en el Sambódromo, otros
300 dedicados a seguir los “blocos” o comparsas callejeras y más de un centenar
en las playas.
La basura recogida en los desfiles del Sambódromo creció 12% respecto al año
pasado (llegó a 348 toneladas).
Pero es en las propias calles de Río donde está la mayor fuente de basura
durante el carnaval, con un aumento de 28% en las toneladas de residuos juntados
durante los desfiles barriales.
Esto se debe al auge que vive en los últimos tiempos el carnaval de calle de
Río, que este año sumó 492 comparsas habilitadas para desfilar en diferentes
barrios. La Alcaldía calcula que unos cinco millones de fiesteros participan de
esas fiestas, donde las botellas y latas de bebidas se consumen por miles.
“Aumentó el número de blocos, aumentó el número de participantes en los
blocos, y la duración de los blocos se extendió mucho”, señaló Roriz. “La
dispersión a veces ni acontece: en Ipanema hubo una fiesta la madrugada entera y
eso dificulta bastante el trabajo”.
A lo largo y ancho de la ciudad se instalaron unos 18.000 baños portátiles,
pero de todos modos cientos de personas fueron detenidas temporalmente por
orinar en la vía pública.
Roriz cree que las nuevas modalidades de carnaval de calle obligarán a
revisar los planes de limpieza a futuro. “Vamos a tener que buscar formas
alternativas de trabajar en ese ambiente”, dijo. “El desafío se
intensificó”.
“Un monstruo”
El movimiento de comparsas en la costa también afectó la limpieza de las
playas, que demanda un esfuerzo particular.
Durante el carnaval, las famosas playas de Copacabana e Ipanema están
desbordadas de cariocas, turistas de otras partes de Brasil y del exterior, y su
legado de residuos sobre la arena también se nota a simple vista.
Se han hecho acuerdos con cooperativas de recolectores de residuos, incluso
en Sambódromo, para intentar mejorar la respuesta al fenómeno.
“La fiesta es importante y tenemos que aumentar la separación de basura
reciclable”, sostuvo Roriz. “La basura del carnaval es muy rica: mucha lata de
aluminio, mucho plástico. Todo eso permite que reciclemos más”.
El carnaval también significa dinero para la Alcaldía de Río, que estima que
unos 900 mil turistas fueron atraídos por la fiesta este año. La recaudación
para la ciudad podría superar los US$700 millones.
Sin embargo, algunos cuestionan el negocio.
“No sé si el costo-beneficio vale la pena; desde el punto de vista ambiental
seguro que no”, dijo Mário Moscatelli, un biólogo especializado en temas
ambientales en la costa de Río, consultado por BBC Mundo.
A su juicio, con las comparsas callejeras se creó “un monstruo que no para de
crecer”.
“Todo el mundo se quiere divertir”, dijo, “y la preocupación ambiental es
sólo de la boca para afuera”.








